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lunes, 5 de abril de 2010

No encajo en mi realidad… Pues juega al póker

Hace un tiempo, en una sesión de coaching, un coachee se lamentaba de no encajar en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Fue desgranando aspectos de "su realidad", y entre ellos encontré que había ido dejando de hacer cosas que le gustaban porque, sentía, no encontraba en otros la respuesta “adecuada” a sus acciones (entiéndase “adecuada” por respuesta que él necesitaba).

A mí me vino la idea de equiparar la vida con sucesivas partidas de póker. En este juego, por lo poco que sé, se reparten cartas.
De algunas te permiten descartarte, incluso de todas a la vez si tienes el capricho, pero una vez que la segunda mano está en la mesa, con ellas has de jugar. A la persona que le parecen feas tiene dos opciones: no apostar y abandonar la partida; o aceptarlas, elegir un juego y apostar por él mientras considere que los riesgos son asumibles. ¿Quién de los dos os parece que tiene probabilidades de ganar?

Hay personas a las que no acaban de gustarle nunca sus cartas, sea cual sea la partida y, claro, así el juego no es divertido, no motiva ni apetece, y pueden acaban contagiando su umbrío estado de ánimo a quienes caminan junto a ellos, alejándolos quizás de sí sin pretenderlo. Para esas personas, los momentos de satisfacción son efímeros, pues cuando las contrariedades llegan –y las pequeñas lo hacen muy a menudo- sienten que se les viene el mundo encima. Y acaban tirando las cartas antes de que acabe la partida (o sea, no ganan) y yéndose esperanzados a otra mesa, donde repetirán el mismo esquema de juego…

En coaching trabajamos ese estilo vital fomentando la aceptación de lo que no podemos controlar, la aceptación de esas cartas feas que reparte la vida. Aceptación no es resignación, ya lo traté en profundidad en el post pasado.
En el póker, y en la vida, la aceptación nos conduce a, con las cartas que nos han tocado en la partida, elegir otro juego más luminoso y con más alta capacidad de éxito.

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