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lunes, 31 de mayo de 2010

“Always look on the bright side of life”

Por alguna circunstancia que no recuerdo, no alcancé a ver “La vida de Brian” cuando se estrenó a finales de los 70. Como entonces no había Beta, VHS, DVD, Blue-Ray o video-on-demand que llevarse al huerto, me tuve que esperar un lustro para disfrutar de la entonces transgresora y original película.

La oportunidad surgió en la Escuela Oficial de Idiomas, durante el último curso de mi primera carrera y de inglés. Aparte el chocante gag de “¿Crucifixion?. Yes”, lo que más recuerdo de ese primer visionado es la frase que encabeza este
post: “Always look on the bright side of life”, que cantaban Brian y los dos ladrones crucificados junto a él, mientras movían sus piececitos y silbaban.

En aquel momento no capté en toda su virtud la sutileza de los Monty Python que hoy veo diáfana y potentísima: iba más allá del mero humor y de la aceptación de la situación perentoria de estar crucificados: su mensaje hacía referencia a una actitud vital que mucho tiene que ver con la máxima “Haz lo que amas… o ama lo que haces”, que no sé de dónde me viene pero que vengo poniendo encima de la mesa para unos cuantos coachees desde hace un tiempo, y de la cual prometo hablaros otro día.

En una ocasión, utilicé el estribillo de los Monty Python en una sesión de coaching. Mi cliente era una persona pendiente habitualmente de lo que pudiera salir mal. Ello le provocada un miedo y, por ende, una incomodidad constantes. Por ello, disfrutaba menos de lo que hubiera estado a su alcance.

Para ilustrar el hábito del ser humano -frecuente aunque desadaptativo- de fijar la atención en lo que puede salir mal, hablé a mi coachee del hallazgo científico según el cual la tendencia humana es ver más y más a menudo los aspectos negativos de las situaciones que los positivos. Al acabar, le pregunté cuál de los dos caminos quería elegir en su vida y, cuando contestó que el positivo, le miré y le canturreé: “Always look on the bright side of life”.

La persona me miró asombrada y me confesó que, hasta ese instante, nunca había entendido las palabras de la canción. No era por su nivel de inglés, magnífico por otra parte. Yo intuyo que era porque en su mundo de entonces ese lema no tenía sentido. En su mundo de ahora, tras venir trabajándolo con tenacidad e inteligencia, yo diría que ya lo va teniendo ;-).

En el enlace os dejo la cancioncilla para que os silbe alegría para el resto de la jornada...

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