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lunes, 3 de mayo de 2010

Coaching no es… amistad

Con un intervalo de pocas semanas entre ellos, dos clientes -entonces ambos en proceso de Coaching conmigo- mencionaron hace un tiempo que sentían que había surgido en ellos amistad hacia mí.


Es claro que el coach vocacional ha elegido esta profesión porque ama al ser humano y busca su mayor bienestar, tanto en el plano profesional como en el personal. Pero de ahí a pretender amistad con vosotros va un abismo, creo que pocos colegas confundirían y mezclarían ambos conceptos; los más mantenemos la asepsia de la relación profesional, por muy cordial y volcada que ésta sea, y ello por los peligros que veremos entraña.

Pensando en qué elementos pueden confundir a algunos de ellos a pensar que hay una amistad, se me ocurre que quizás sean la dedicación y el empeño que ponemos, el marco de gran confianza en que nos movemos, y el trato afable, de respeto y sin dobleces que les dispensamos.

Pero el Coach no es un amigo; es más, no ha de serlo, al menos en tanto en cuanto dure el proceso de Coaching.

Con el primer cliente que trajo a colación el asunto cometí el error de dejar correr el comentario, de anotar la alerta mentalmente pero sin confrontarla. Ello trajo como consecuencia, en un periodo de no más allá de dos sesiones, el debilitamiento del avance, pues la persona, según mi humilde parecer, perdió parte del foco en el objetivo que él mismo se había fijado, y comenzó a demandar distinta atención y algún que otro privilegio que habrían supuesto un agravio comparativo con respecto de otros clientes.

La deontología profesional me llevó a no conceder ni la una ni los otros y, en un momento dado, a poner fin -de la manera más delicada que supe- a un proceso que aún habría tenido recorrido en otras circunstancias.

Con el segundo Coachee anduve prevenida, escarmentada y aprendida, y el reconducir la situación en el mismo momento en que se produjo el comentario creo que protegió felizmente la posterior buena marcha de la relación profesional.

Los Coaches somos personas, y el roce hace el cariño, por lo que, eventualmente, una vez concluido el proceso de coaching, no es descartable que con alguno reforcemos la relación hacia algo más personal, aunque ya en otro plano y de otra manera.

Pero mientras dura el proceso de Coaching es importante mantener la linde limpia. Y no sólo con los hechos, como creía hacer yo, sino también con las palabras, como aprendí con la experiencia. Y ello por varios motivos que más o menos he expuesto ya:

1. El cliente, si se siente amigo,
  • Puede relajarse y venir a charlar, a desahogarse, y perder fuelle con sus retos y cambios.
  • Puede no aceptar la “gentil incomodación” que hace el coach y pensar: “no te entiendo, ¿para qué me incomodas?, si eres mi amigo has de estar de mi parte, no meterme el dedo en el ojo”.
  • Puede sentir que el coach hace algunas preguntas para juzgar en ver de para indagar o confrontar.
  • Puede pedir al coach apoyo incondicional a sus puntos de vista y rechazar el utilísimo procurar meterse en los zapatos de otros.
  • Puede retirar al coach la autoridad para intervenir, congelando el avance y el auto-crecimiento.
  • Puede caer en una dependencia emocional respecto del coach.
  • ...
2. El Coach, si se siente amigo,
  • Puede dejar de ser empático y pasar a ser simpático, o sea, “comprarle” al coachee las historias que le cuenta, con lo que pierde una de sus mayores bazas: su capacidad de hacer ver al coachee otros puntos de vista
  • Puede perder fuerza moral para mantener la parte de responsabilidad que le toca en el proceso.
  • ...
Mucho contra y poco pro.

Amigos ya tienen mis clientes, Coach sólo a mí, creo que les soy más útil así. Las amistades, en otro escenario, por favor.

1 comentario:

  1. Hola Mayte:
    Coincido con que un coach no tiene porque ser un amigo, razones das muy válidas. Lo que si me parece importante es sentirse cómodo con tu coachee, a pesar de que tus preguntas o comentarios te resulten incómodos o escuezan, o precisamente por ello, porque sabes que no te a va bailar el agua e irte como estraste. Si vas a un coach es para salir enriquecido (y le pagas por ello, ojo), para tomar cervezas y darme palmaditas en la espalda ya tengo a mis amigos, (que además, me invitan).
    Un abrazo.

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