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lunes, 17 de octubre de 2011

El buen vecino Steve Jobs o el liderazgo de servicio

Foto: Lea Suzuki. En XL Semanal 2 de octubre 2011

Llevaría una vida y no bastaría el llegar a leer todo lo que, en estas últimas semanas, se ha publicado respecto de Steve Jobs tras conocerse su fallecimiento. El lamento es unánime, clamoroso en su alabanza y en su sentido pésame, incluso entre quienes discrepan de algunas de sus prácticas y maneras.

En ese clamor, una y otra vez leo repetirse la expresión “sentimos la muerte de Steve como la de un familiar”. Algún “escribidor” o entrevistado tienta incluso a esbozar una explicación del por qué de semejante sentimiento, pero, humm… lo que aducen me llega insuficiente. Habida cuenta el poco conocimiento de su vida y milagros que teníamos más allá de sus esperadas presentaciones de producto, ¿de dónde puede venir el considerar como pariente a un señor celoso de su vida privada y con quien no hemos compartido espacio ni menos conversación?. Para ir introduciendo el tema, os contaré mi primer encuentro con Apple.


En 1987, yo pertenecía a la afortunada minoría en estar trabajando profesionalmente con ordenadores, en entorno MS-DOS en mi caso. Su funcionamiento era entonces muy limitado, rudimentario y nada preciosista, pero ahí estaban, abriéndose camino. Luego, en 1989, pasé a una Sociedad de Valores y Bolsa, uno de cuyos productos eran boletines financieros diarios sobre sociedades que cotizaban en los parqués nacionales. La inmediatez con que debían publicarse aquellos informes exigía prescindir de un servicio de imprenta tradicional y entregar el producto “listo para consumir” a las 9:00 de la mañana.
Y ahí estaba Apple para ayudarnos. Una de las cosas que más me gustaban del cometido de analista era precisamente el redactar mis informes en Mac. ¡Era tan fácil y cómodo elaborar gráficos, insertarlos, ponerles título, cambiar la tipografía de letra, escribir en columnas periodísticas, resaltar, etc, etc, etc!. La belleza que conseguías en tus trabajos no tenía parangón entonces, te sentías un artista, inteligente y avezado usuario, tocaba tu emoción. Y, como el cacharro era tan intuitivo de manejar, siempre estabas dispuesto a seguir indagando en sus funcionalidades para descubrir más y más cosas.
En ese punto y hora comencé a apreciar intensamente a Steve Jobs, y mi inclinación por él no ha disminuido desde entonces. Y ya he apuntado dos de las características del porqué del sentimiento de Jobs-pariente: belleza -del producto en sí y de lo elaborado con él- y que, de su mano, te sentías un artista, tocaba tu emoción y te animaba a poner en marcha tu imaginación y tu creatividad.
Consecuencia de lo anterior, aventuraré también que la sensación de que conocíamos mucho y de cerca a Jobs proviene de la relación de intimidad que cada usuario teje con los productos suyos que utiliza. Esa cercanía, la extendemos a su autor mediante los fenómenos conocidos en Psicología como “efecto halo” –el cual consiste en atribuir a una persona ciertas virtudes por el mero hecho de haber mostrado ya otras-; y “familiaridad como fuerza del trazo”, por el cual la memoria recupera algo o a alguien más fácilmente si en el ambiente está presente alguna clave que nos lo recuerda frecuentemente –en el caso de Jobs, obviamente, sus productos- .
Intimidad, emoción, cercanía. Ya hace tiempo que vengo defendiendo que los seres humanos se mueven, sobre todo, por emoción.  Y eso es lo que Steve vendía: emoción, pues sus productos son más experiencias que artilugios.
Avancemos más. Dicen que su vida no iba de hacerse millonario. El dinero llegó, sí, pero como consecuencia de hacer lo que amaba, y de hacerlo buscando la excelencia y la superación en cada paso. Y de hacerlo para servir. Y aquí encuentro otra clave de por qué el mundo llora esta pérdida como propia y cercana: Steve Jobs servía a sus usuarios, cumpliendo a rajatabla una de las claves del liderazgo: la vocación de servicio. Además, su servicio era sincero, tenaz y constante, cualidades que nos empujan hacia la confianza, enésimo motivo para sentirnos cerca de Jobs.
Nos ha liderado a todos: usuarios, competidores, empleados,  colaboradores externos, entendidos en marketing,…“Si quieres que te sigan, ponte tú delante”, reza un adagio. Y eso es lo que él hizo, se puso delante de nuestros deseos, que aún no estaban en nuestra conciencia aunque los intuyéramos, y lo hizo con devoción, amor y perseverante entrega en busca de la sencillez, la belleza y el detalle más cuidado.  Con él hemos sentido como con nadie que nos cuidaba. Y de ahí el mundial y sorprendido sentimiento de orfandad.
Steve Jobs era como el buen vecino ingenioso, que rumia y rumia en cómo hacer más fácil, cómodo y emocionante nuestro vivir diario, y que cada tanto nos trae un cachivache elaborado especialmente para todos y cada uno. Barrunto yo que es por ello por lo que, más allá de admirarle (por su compromiso, entrega y valía) y de apreciarle (por la utilidad que nos haya podido aportar), el mundo le ama. Amor, última clave del porqué del sentimiento del Jobs-pariente.
¡Qué suerte la suya!. Suerte forjada por él mismo. Vosotros también podéis. Y si no sabéis aún dónde está vuestro valor diferenciador y vuestra actitud diferenciadora, esos en los que sois fuera de serie y que despiertan o despertarían admiración y aprecio, siempre podréis buscarlos recurriendo al Coaching, no seríais los primeros ni los últimos. Aquí os espero :)
¡Hasta el próximo mes!

1 comentario:

  1. Un análisis muy logrado. No nos conocemos y yo no sabía que eras tan buena "escribidora"
    ¡Penita me da no haber, yo también, entrado joven en el mundo de la informática!
    El 24/3/ 2009 escribí algo referente a mi entrada en el mundo informático, nuevo para mí.
    Está en mi blog en el capitulo reflexiones, con el título: "AVATARES DEL DESTINO".
    ´Te vas a pitorrear de mi si lo lees, pero así verás lo diferente que es mi mundo.
    Ah!!! Mi blog es: angeladulzuras.blogspot.com
    Un abrazo y sigue siendo eficaz. Ángela

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