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lunes, 10 de octubre de 2016

EMDR, herramienta para disolver obstáculos que os dificultan la vida profesional o personal



Este pasado Septiembre os hablé del lugar seguro como herramienta de gestión emocional para todos vosotros, y postpuse a este mes por no extenderme entonces el charlar sobre la estrategia que le hace de paraguas, el EMDR, acrónimo de Eye Movement Desensitization and Reprocessing (Desensibilización y reprocesamiento mediante movimiento ocular), tan útil o más que el propio lugar seguro.

La primera vez que me fijé en el EMDR fue de la mano del ya fallecido médico y neurocientífico francés David Servan-Schreiber, en su libro entonces recién publicado Curación emocional (2003). Narraba él lo disparatado que le pareció escuchar en un congreso médico la idea de que pudieran, y cito textualmente, “resolverse traumatismos emocionales moviendo rítmicamente los ojos. Ya que esa es la base del EMDR, el accionar un movimiento de ojos en una determinada dirección y a una determinada velocidad. Tan simple que parece poco creíble. Y sin embargo lo es.

Intrigada por el planteamiento seguí leyendo, y con entusiasmo creciente me convencí enseguida del valor que podía tener el EMDR, no sólo para tratar traumas considerables, sino para desanudar los traumitas vitales sorpresivos e inesperados que a todos nos han sobresaltado alguna vez, sobre todo si se han producido antes de la vida adulta

La técnica del movimiento de ojos como estrategia terapéutica la presentaba en aquel congreso al que asistió Servan Schreiber la psicólogo de Palo Alto Francine Shapiro, y era la base de un ingenio de notable éxito cuyos rudimentos iniciales había ella descubierto por casualidad en 1987 mientras paseaba por el parque: durante ese paseo, detectó cómo sus propios pasos al caminar parecían aliviar el malestar que en ese momento le estaban produciendo sus pensamientos negativos.

Los estudios experimentales con los que luego Shapiro testó esta hipótesis la llevaron a la conclusión de que el EMDR producía, tanto una disminución de los síntomas emocionales del cliente, como una reducción drástica a largo plazo del trauma en sí y de su influencia en nuestro inconsciente. Esto es, desensibilizaba a las personas frente a sus recuerdos molestos (por dolorosos, o angustiosos, o estresantes,…), y mejoraba la ecuanimidad y tranquilidad de las evaluaciones cognitivas que hacían de las situaciones que experimentaran.

Nuestro cerebro procesa en un ágil fluir la mayoría de sucesos, convirtiéndolos en recuerdos agradables o desagradables, sin más. Pero algo distinto ocurre con un pequeño porcentaje de recuerdos dolorosos. Según la teoría de EMDR, la información que pertenece a ciertos recuerdos, por nimios que parezcan a los ojos de nuestro cerebro racional, no fluye, sino que se atasca y encapsula en el sistema nervioso, quedando sus elementos (lo que vimos, lo que oímos, lo que olimos, lo que sentimos y lo que tocamos) grabados por separado y en su forma inicial.

¿Qué significa quedar grabado en su forma inicial? Pues que, aunque hayan pasado años, al asaltarnos el recuerdo volvemos a rememorar todo tal cual lo percibimos cuando se produjo; “es como si hubiera ocurrido ayer, o hace un instante”, dicen mis clientes. Además, todo ello se revive con la misma intensidad emocional que nos embargó cuando vivimos el suceso por primera vez, tenga ésta la forma de miedo, rabia-ira, desesperanza, tristeza, vergüenza, etc….

Dado el perfil delicado de personas con el que se testó el EMDR las primeras veces -víctimas de TEPT (Trastorno de estrés postraumático)-, con el tiempo la doctora Shapiro y su equipo elaboraron un protocolo de aplicación detallado y riguroso. Tan cuidadoso se ha de ser en su empleo, por cierto, que la formación sólo se imparte a médicos y psicólogos; sólo nosotros, y si formados, estamos autorizados para utilizar el EMDR.

A todos nosotros, hombres y mujeres por igual, nos ha acaecido en el pasado algún acontecimiento que aún nos molesta tras su apariencia quizás poco sustanciosa: ha producido una herida en el cerebro, se ha convertido en un traumita (“trauma” en griego clásico significa herida). Sin pretender ser exhaustiva os pongo ejemplos, alguno os podrá resonar: 

-        una regañina desproporcionada e injusta de un padre o una madre,
-        la muerte repentina o para vosotros intempestiva de un progenitor u otro familiar cercano,
-        unas palabras duras, quizás injustas, de un profesor u otra persona significativa,
-        un despido que no querías,
-        una injusticia percibida,
-        el no sentirse cuidado y/o atendido en la infancia por alguna persona significativa,
-        el sentirse abrumado a la puerta del colegio el primer día de clase,
-        la visita que te asustó hace siglos que hizo el director del banco a la oficina de unos parientes,
-        la sensación de haber sufrido discriminación
-        la vergüenza intensa que experimentaste en alguna ocasión
-        sufrir bullying o mobbing...;
-        la percepción de que sobras para alguien o en algún sitio

¡Hay tantos traumitas como personas!

Estas heridas, algunas aparentemente pequeñas, algunas antiguas, juegan un papel hoy en nuestras decisiones, en nuestras reacciones, en nuestros miedos, en nuestra incomodidad ante algo concreto, en nuestra ansiedad. De bastantes de ellas sabemos que existen porque repetidamente vuelve a nosotros el recuerdo y nos produce malestar; de otras, ni nos acordamos.

Las recordemos o no, nos martirice el recuerdo o no, influyen en nosotros, lo compruebo cada día. Pero no os preocupéis, en las sesiones de trabajo de coaching salen los traumitas más bien antes que después, y no porque a propósito dediquemos tiempo en buscarlos; simplemente, salen en el normal devenir de la conversación. A mis clientes, todos de población no clínica como vosotros, les sorprende mucho descubrir la conexión entre su hoy y su ayer, pero deshacemos los nudos con EMDR y se quedan liberados, livianos, encantados, sin esa atadura. Y así es mucho más fácil avanzar a pasos agigantados en el resto del proceso de coaching.

Magnifica herramienta el EMDR, doy fe de ello. La mayoría de vosotros no da importancia a los acontecimientos dolorosos pasados, hasta que descubren conmigo el impacto que están ejerciendo hoy en el logro o no de sus objetivos, en sus decisiones, en sus malestares, en sus parálisis, en cómo obstaculizan sus iniciativas, en cómo les impiden estar cómodos hablando en público o liderando un grupo, o en cómo boicotean sus planes, sus acciones o la búsqueda de empleo, motivos todos ellos normales de quienes venís a verme.

Para ampliar información sobre el EMDR, o si crees que algo está obstruyendo tu camino, echa un ojo en nuestra web a “Un evento pasado me afecta hoy”. ¡Y ven a vernos!

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