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lunes, 1 de febrero de 2010

Más vale tarde...

En abrazar el coaching, como en todas las actividades de la vida, la población se divide en dos grandes grupos: los que se adhieren a él voluntariamente, raudos y con entusiasmo, y los que hay que llamar la atención para atraerlos. A los primeros, meramente les saludo y les felicito por atreverse, pues hoy mis disquisiciones y mi reto se dirigen hacia el segundo grupo.


De mis estadísticas y de las de otros profesionales, se entresaca que cuando lanzamos una promoción tipo “primera sesión de coaching gratis”, el índice de respuesta efectivo (los que realmente acuden a esa sesión) es de un 15%. A mis amigos marketinianos este porcentaje les parece normal, pues es similar al de otros productos y sectores, pero a mí me sorprende por lo bajo.

Y es que el coaching con un buen profesional siempre aprovecha, crea uno tener un problema o área de mejora o no lo crea. Al coaching siempre se le saca partido, de una buena sesión jamás se va uno de vacío, alguna pauta para un mejor trabajar o vivir se lleva.

Para mí, una buena sesión es el equivalente a comer de lujo: nutritivo e inolvidable, y encima deja rastro permanente. Y si, además, el cocinero te regala el primer manjar que tomes, mejor todavía. Bueno, pues con todo y con eso, la respuesta es del 15%. ¿Os parece ahora bajo a vosotros como a mí?.

Conjeturando posibles causas, me salen varias:

- El público en general no conoce el coaching y no sabe qué puede hacer por él. Decir que te arregla la vida puede sonar exagerado, pero mis clientes ya no son los mismos cuando salen de mi gabinete, pues salen esperanzados, con energía y convencidos de sus capacidades, y comienzan a hacer cosas nuevas, con lo que su vida ya nunca será la misma.

- Habrá quien tenga miedo a que se le escapen intimidades. A éstos les digo que el que pasa por la experiencia pierde ese miedo en un abrir y cerrar de ojos y sin sentir, y a mitad de sesión se sorprende de lo que no creía posible hacía un rato: estarle hablando a una “desconocida” con total naturalidad y sin que lo que cuenta le parezcan ya secretos inconfesables. Los coaches tenemos la confidencialidad en el código deontológico, pero no creo que sea eso lo que empuja a mis coachees a sentirse cómodos.

- Otros tendrán miedo a mostrar debilidad, pues en nuestra sociedad se imbrica la creencia irracional de que dejarse ayudar por otros menoscaba nuestra valía. Que le pregunten a los que han hecho buenos procesos de coaching si, tras la experiencia, se sienten débiles o poco valiosos, os contestarán que todo lo contrario…

- Algunas personas tardan en darse cuenta de que a ellos particularmente les beneficiaría enormemente el acudir, algunos vienen más tarde de lo aconsejable.

- Y algunos no vienen nunca, pues está estudiado que la probabilidad de que alguien recurra a fórmulas de acompañamiento es inversamente proporcional a la necesidad real de ello, o sea: los que más se beneficiarían son los que menos conciencia tienen y, claro, no vienen.

Si a alguien se le ocurren más ideas sobre posibles causas, que me las cuente, por favor. Probablemente se diluirán...