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lunes, 22 de marzo de 2010

Aceptar no es resignarse

Tres veces en una semana se me antojan suficientes como para no escribiros sobre ello: en tres sesiones de coaching con tres personas distintas, cuando yo mencioné la palabra "aceptación", ellas me la devolvieron re-verbalizada como "resignación".

Aceptación no es resignación, no me canso de repetirlo. Vamos a ver las sustanciales diferencias entre una y otra.

A la resignación se suele llegar cuando repetidamente percibimos que una situación desagradable nos sobrepasa y no le encontramos salida satisfactoria. Es un estado de ánimo negativo y pasivo que te afecta interiormente, te contrae y te entristece, se erige en determinante de tu menoscabado bienestar. Además, conduce a estados mentales de indefensión ante la falta percibida de opciones ("no puedo hacer nada, sólo soportarlo"), lo que lleva a la desesperanza y, en última instancia, a la inacción.

La resignación es el resultado del juego y su punto final.


Mientras, la aceptación es una decisión deliberada y activa de considerar la situación como marco en el que hay que moverse. Es un pensar que "con estas cartas hay que jugar". Ello te conduce a buscar nuevas formas de hacerle frente, de ganarla para tus propósitos; la situacion pasa a ser un condicionante no más. El saberse con opciones, aunque sólo sean internas, devuelve el oxígeno y la luminosidad al camino, libera de lastres y te mueve a tomar acciones en direcciones antes insospechadas.

La aceptación es retomar la partida apostando por otro juego. Es un estado de ánimo positivo.

¿En cuál de los dos queréis estar?