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lunes, 24 de enero de 2011

“Cierre usted el chiringo”: ligereza en los consejos a la empresa familiar

Tras un año largo ocupándome en este blog de coaching sobre la persona, abro una nueva sección, la de la empresa, al fin y al cabo lugar del que provengo, así como mi ámbito de trabajo principal como Coach, y a quien tanto debo agradecer por su influencia en mi crecimiento como directiva y en mi actual vocación como facilitadora del desarrollo directivo y de equipos. Que os guste.

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En mi vocación de  formación continua, suelo asistir a talleres de management que organizan según qué escuelas de negocios. Una de estas sesiones versaba sobre algunos de los errores de funcionamiento que experimenta la empresa familiar en la aplicación de su protocolo, cuestión que me interesa actualmente pues algunas de mis empresas clientes pertenecen a esta categoría.

El facilitador de la jornada planteaba tres casos reales. Para cada uno de ellos,
buscaba primero la opinión de los asistentes sobre qué hacer, para luego mostrar qué hizo él en su momento o qué haría hoy. Las propuestas del ponente me parecieron de una bondad empresarial suficiente, pero no opino lo mismo de, digamos, un 20% de las intervenciones del público, directivos muchos de ellos de empresa familiar o empresarios ellos mismos.

“¿Qué le diríais a Don Fulano?”, preguntaba el facilitador cada vez. En mis notas transcribí entonces sólo las aportaciones que me parecieron de valor y descarté las, para mí, fuera de lugar. Hoy me arrepiento, pues es de estas últimas de las que os quiero hablar aquí. Tiraré de memoria a sabiendas de la carga de imprecisión que tintará mis palabras.

Pude escuchar boquiabierta frases como las siguientes:

- “Tiene usted la empresa hecha un desastre. Jubílese y ciérrela”.

- “Lo ha hecho usted fatal. Esto ya no tiene arreglo”.

- “Venda la empresa y váyase tranquilo a casa”.

- “El director general que se aguante, que para eso es su empleado, antes está su hijo”.

- …

Qué percibí detrás de esas aportaciones:

- Pesimismo.

- Tendencia a juzgar antes de indagar: dictaminar sin conocer, con superficialidad, lo que es contrario a la prudencia empresarial.

- Un arrogarse criterio para emitir un veredicto categórico, a veces demoledor.

- Escasito conocimiento de las personas, pues, por ejemplo, o tienes a tu Director General contigo o se irá, cuando no remará en tu contra dentro de tu propia casa.

- Escaso respeto por los colaboradores.

- …

Aparte ese porcentaje de ideas de echarse a temblar, lo segundo que me impactó fue que, de las, digamos, 60 intervenciones que se sucedieron a lo largo de la tarde, creo recordar que sólo dos o tres fueron preguntas que le plantearían a los empresarios antes de orientar cómo le aconsejarían. El resto de propuestas se dedicaba a sentenciar, imponer actuaciones, o cortar por lo sano.

Propensa a la pregunta por mi trayectoria profesional -discurrida en contacto con muchas culturas y países en empresas internacionales-, esa tendencia se ha venido acrecentando en los últimos cinco años por mi condición de Coach. Por ello, eché mucho de menos preguntas, cualquier tipo de ellas, pero en especial aquéllas de ánimo clarificador que hubiesen reorientado tanto nuestra percepción del problema como la dirección y sabiduría de las soluciones planteadas. Al qué le diríais a Don Fulano yo siempre preguntaría primero. Y preguntaría no una, sino muchas cosas; por poner unos ejemplos respecto de los casos que se plantearon aquella tarde:

- ¿Le has preguntado a tu hijo qué le motiva en la vida?

- ¿Comparte tu hija tu pasión por tu negocio?; ¿cómo lo sabes?

- ¿Dirías que está contigo por compromiso con la familia o por vocación personal?; ¿en qué te basas para pensarlo?

- ¿Cómo le diriges: con control o con delegación?; ¿qué opinan de ese estilo?

- ¿Vienen las oportunidades de la mano del esfuerzo, o alguien en la familia percibiría arbitrariedad y/o trato de favor?

- ¿Has recabado cuál es la opinión de tus directivos no pertenecientes a la familia sobre la presencia de tu hija en el primer nivel de dirección con 23 años?


Preguntar, preguntar y preguntar. Uno de mis más apreciados vicepresidentes de antaño decía sobre nuestra gestión, la de su equipo de directores: “They may not know all the answers, but they certainly know all the questions”. Y, para él, ese era el mayor elogio que nos podía hacer.