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lunes, 16 de mayo de 2011

Coger carrerilla o para qué el Coaching de Equipos

Recientemente, he concluido un proceso de coaching de equipos que había comenzado casi un año antes –duración habitual en este tipo de procesos-. La relación establecida había sido magnífica y, ¡oh, maravilla!, el equipo regaló a nosotros los coaches el enumerarnos los aprendizajes que había adquirido a lo largo de nuestro acompañamiento. Quedé embelesada al leer el documento, y es con permiso del leader del equipo que plasmo aquí algunos de esos aprendizajes –no todos, por no alargar este post-.


El primer aprendizaje rezaba: “sentirnos equipo”. Tan sencillo… y tan difícil de lograr, ¿o diríais vosotros otra cosa? Otro día os hablo del sentimiento de equipo más en profundidad.
Mejorar las relaciones personales”. Si queremos mejorar la tarea, una de las vías es mejorar la relación, pues con ello aumentamos el nivel de cohesión del equipo y, así, la motivación. Y ¿dónde os parece más fácil coordinar acciones conjuntas que lleven a resultados extraordinarios?: ¿en una situación donde la relación fluye, o en otra donde es distante, fría, cortés, de desconfianza o de envidia -por poner unos ejemplos-?
“Vivir el conflicto desde el cuidado de las personas”. O sea, discrepar con el hacer pero no con el ser de los individuos. ¿Se puede pedir más? Esto se me antoja a mí más fácil en las culturas sajonas que en las latinas. En estas últimas, corre más la creencia de que estar en desacuerdo con algo necesariamente lleva aparejado el estar en desacuerdo con alguien; a ese alguien le da por ofenderse... y ahí empieza el lío; ¿os suena familiar?.
“Somos más creativos, al estar más centrados en la tarea. En estos años de desinfle económico, la innovación y la creatividad lo son todo para sobrevivir. Y el que un equipo se sienta creativo aporta a sus miembros autoestima, tranquilidad, cabeza fría, menor vulnerabilidad al estrés y, en consecuencia,… mejores resultados, claro, no nos olvidamos de ellos.

“Ahorramos tiempo, sobre todo porque nos habéis dado mecanismos para desatascar momentos improductivos”. Éste me encanta, pues la búsqueda de la eficiencia en las organizaciones es una de las cruzadas de mi vida profesional.
Se ha allanado el camino para que el líder ejerza mejor su poder y para que todos los miembros se hagan cargo del equipo”. ¡Qué lujo, todos remando a favor y ninguno en contra!, lo que no significa que hayan adquirido el malsano pensamiento único, o que no discrepen entre sí como lícita estrategia para seguir creciendo.
En resumen, nuestros coachees lograron un equipo donde unos a otros se entienden mejor y se cuidan, un equipo que se atreve a acometer mayores retos y, como se coordinan mejor, obtienen además mejores resultados. A eso, muchos lo llaman equipo de alto rendimiento.
En el pasado, me ocupé durante un tiempo de formar en estrategias de team building (construcción de equipo). El coaching de equipos se apoya en ellas pero es más que ellas y distinto de ellas. Desde el punto de vista de los resultados, yo me quedo con el afrontar el fortalecimiento de un equipo desde el coaching. Requiere y mucho de todas las competencias y recursos de que dispone el profesional, pero eso es precisamente lo más atractivo para mí.
El día en que cerramos el proceso que nos ocupa, uno de los miembros dijo: “Nos has hecho protagonistas de nuestros propios logros: como no me lo has puesto fácil, el reconocimiento me lo puedo poner yo porque lo he hecho yo,”. En este sentido, mantengo que un proceso de coaching produce magia (de ahí la varita que rubrica el logo de mi marca MocionA), y también mantengo que no es el coach quien hace la magia sino la persona, o el equipo en nuestro caso. Y así quiero que siga siendo. ¡Magia para todos!
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