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lunes, 2 de diciembre de 2013

Y vamos abriendo puertas...

Puertas y arcos en la bella Puglia. Álbum
Diciembre suele venir corto y cargadito, así que haremos la entrada de blog corta y ligerita.
Algunos sabéis que suelo participar como mentor en diversas instituciones, de modo que habitualmente tengo cerca un mentee a quien orientar. Una de ellas, en tránsito entre proyectos, como varios millones de españoles, me contaba en su primera charla sus últimas experiencias recibiendo orientación laboral. Ante un comentario mío que la esperanzó, me habló del contraste que eso suponía, pues uno de los consultores a quienes había acudido le había dicho algo así como “Vaya, tienes frente a ti muchas puertas, pero todas ellas cerradas”.

¡Vamos, vamos…!
Este tipo de frases no suelen caer en saco roto… pero para mal. ¿Es eso lo que un profesional, se supone que dedicado a ayudar a las personas, ha de decirle a un cliente que está desconcertado por los derroteros que pueda tomar su futuro profesional? Esta sentencia arbitraria y pesimista y seguramente dicha a la ligera, ¿aporta liviandad al cliente o todo lo contrario?, ¿va a ayudar a la persona a motivarse, a superarse, o más bien quizás le inoculará una inquietud que puede resultar perjudicial para ese su hacer frente a cada mañana?
Os dejo trabajo a vosotros para que vayáis practicando el cómo dar ánimos a los de alrededor, pues todos tenemos alguna persona cerca con dificultades laborales: ¿qué le preguntaríais o diríais para insuflarle esperanza, energía y pistas con las que elegir una dirección a tomar?
Al ir pensando en escribiros esto, iba canturreando mentalmente el “Y vamos abriendo puertas, y vamos cerrando heridas” de Gloria Stefan. Estas dos tareas, abrir puertas y cerrar heridas, son nuestra responsabilidad, la de todos. Y, por descontado, no se valen ninguna de las dos cosas que hizo ese consultor: ni ver puertas cerradas donde quizás no las hay, ni arriesgarse a abrir heridas que previamente no existían.
¡Hasta los turrones!


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