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domingo, 3 de abril de 2016

Meditación zen, mindfulness, Libro tibetano de los muertos, y coaching

Dios budista. Kyoto, Japón. Álbum personal

Durante siete años desde 2005, recibí entrenamiento semanal en meditación zen. Al principio, talludita estudiante de mi segunda carrera universitaria, Psicología, la práctica me llamaba la atención para aquietar mis propios procesos mentales, pues, en mi caso, como en el de muchos de vosotros, quietud de mente lleva a relajación de cuerpo y espíritu. Descubrí en la meditación un potente método con que contrarrestar el estrés; siempre en combinación con otros métodos, claro, aislado puede quedarse algo cojo. 

Hago aquí una pequeña digresión para introduciros en uno de esos otros métodos a los que me refiero: la instalación en vuestras mentes, mediante estimulación bilateral de los hemisferios cerebrales, de un lugar seguro al que podréis interiormente acudir en los momentos de estrés, rabia, miedo, tristeza o desolación. Yo recurro a esta herramienta en frecuentes procesos de coaching con clientes normales como vosotros, pues es muy rápido de instalar (una sesión), no os cuesta esfuerzo su aprendizaje, queda instalado en vuestro cerebro para que accedais a él cuando necesiteis, y es de alto impacto y de uso en múltiples situaciones.

Por cierto, al menos en Europa, sólo médicos y psicólogos están autorizados para utilizar este procedimiento de estimulación bilateral, previa formacion formal en él. Os advierto de ello porque me han hablado de formadores de coaches poco escrupulosos, sin titulación en licenciaturas sanitarias, que explican esta técnica a sus alumnos, quienes tampoco tienen carreras sanitarias,... Mucho cuidado con quién os toca el cerebro.

Pero volvamos a la meditación zen. Al practicarla pude abandonar, por innecesarios para mí, otros tipos de relajación que a partir de entonces estimé yo más adecuados para gente “más física”, por llamarlo de alguna manera.

Así, aunque los mantuve para los clientes a quienes convenía, dejé de practicar la relajación progresiva de Jacobson (a base de tensión-distensión de grupos musculares), o el entrenamiento autógeno de Schulz (relajación auto-inducida por imaginación de sensaciones -calor, presión,...-).

No tardé en incorporar la meditación zen en algunos de mis procesos de coaching con clientes para los que, como a mí, la quietud mental es lo que necesitan para relajarse físicamente. Y lo empecé a utilizar como calentamiento mío previo ante ponencias públicas, y como parte del entrenamiento de aquellos de mis clientes que querían mejorar su hablar en público. Y lo puse también en práctica en formaciones para la reducción de estrés que impartía en algunas escuelas de negocios, con calurosa aceptación por parte de los asistentes, quienes descubrían sobre la marcha su valor.

Lo curioso es que la relajación es sólo un efecto auxiliar que produce la meditación zen, pues el objetivo primordial de ésta es alcanzar el mindfulness (atención plena). En atención plena es donde nos liberamos de las cadenas y fantasmas de nuestro propio pensamiento, es donde abandonamos nuestro ego para fundirnos en uno con el Universo. Esto, que a algunos les podrá parecer actividad de “colocados”, se descubre cuando se experimenta, y es un gran paliativo de angustias y frustraciones que no necesita de estupefaciente alguno.

Diversos hechos me llevaron, hace unos tres años, a hacerme con una copia del Libro Tibetano de los muertos, o Bardo Thodol (“Liberación mediante la comprensión en el estado intermedio”), atribuido por algunos a Padmasambhava, fundador en el s.VIII de una de las escuelas tibetanas. Lo leí finalmente hace unos días, y descubrí estupefacta cómo algunas de las instrucciones que la tradición tibetana recomienda a la gente recién muerta para el tránsito hacia el otro mundo (hacia otro estado, sería mejor decir), coinciden según yo con algunas de las consignas que trabaja la tradición zen para el entrenamiento de la meditación. Me interesó anotarlas, y ahora las comparto con vosotros por introduciros o ampliar vuestro conocimiento en la filosofía que subyace a la meditación.

No te apegues a nada. No intentes intelectualizar... :)

Hasta el mes próximo.
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En el estado de libertad del ego
donde todas las cosas son como un cielo vacío sin nubes,

aprovecha… para obtener el perfecto estado.
Úsalo para alcanzar el entendimiento y el amor.

Recuerda la unidad de todas las cosas vivientes.

Trata de alcanzar y conservar la experiencia de la luz clara.

El Vacío no es la nada.

El vacío es principio y final él mismo;
el intelecto brillando, lleno de felicidad y silencioso.
Este es el estado de perfecta iluminación:
el reconocer el vacío de tu propia consciencia para ser dominio de Buda.
Permanece en este reconocimiento
y mantendrás el estado de la divina mente de Buda.

No te apegues … a tu… Yo.
Si te apegas a tu mente, ya has perdido el poder de mantenerla.
Por la lucha no podrás conseguir nada...
No te apegues.

Si no reconoces tus propias formas de pensamiento,
si olvidas tu preparación,
las luces te deslumbrarán,
los sonidos te atemorizarán,
los rayos te aterrorizarán,
la gente a tu alrededor te confundirá.

Estos reinos no vienen de algún lugar exterior a tu ego.
Vienen de tu interior y brillan sobre ti.
Tampoco las revelaciones vienen de ningún otro lugar.
Existen desde la eternidad dentro de las facultades de tu propio intelecto.

La llave de la iluminación y de la serenidad… es simplemente ése:
descanso, relax.
Únete a él.
Acepta encarecidamente las maravillas de tu creatividad.
No te apegues ni estés asustado.
Ni atraído ni repelido.
Sobre todo, no hagas nada sobre las visiones.
Existen solamente dentro de ti.

No intentes intelectualizar.

Permítete a ti mismo latir con las vibraciones de tu alrededor.

Tus síntomas desaparecerán
tan pronto como desaparezca todo rastro de ego esforzándose.
Acéptalos como el mensaje del cuerpo.
Dales la bienvenida.
Goza de ellos.

El fluir de la vida está girando a través de ti.

No intentes comprender.

Fúndete con ella.

No hay necesidad de actuar o pensar.

Si intentas retenerlo, puedes caer en mundos infernales
y sufrir intolerable miseria creada por tu propia mente.
Evita jugar a interpretaciones.
Evita pensar, hablar o hacer.
Ten fe en la corriente de la vida.

Recuerda, todo el exultante poder viene de dentro.

Todas las interpretaciones son producto de tu mente.
Quítatelas de encima.
No tengas miedo.

Disfruta la completa unidad de la materia y la vida.


Relájate y disfruta el río de movimiento.
No te apegues a ninguna visión ni revelación.
Deja que todo pase a través de ti.
Si te vienen experiencias molestas,
deja que te pasen como lo demás.
No luches contra ellas,
todo viene desde dentro de ti.

Cualquier cosa, por muy… extraña que veas,
…viene de dentro de ti.

Tan pronto como reconozcas eso, obtendrás liberación.
Si no lo reconoces,
torturas y castigo se seguirán.

No te esfuerces por descifrar cosas
si por la flaqueza estás atraído a actuar y pensar.

Tu mente debe descansar sin distracción.
No hay nada que hacer, nada en que pensar.
Flota hacia el primordial y brillante estado vacío de tu intelecto.
En este camino obtendrás liberación.
Si eres incapaz de relajar tu mente,
medita en tus amigos,
piensa en ellos con profundo amor y confianza.

Puedes imaginar terror produciendo observaciones del tipo:
“culpable”, “estúpido”, “inadecuado”, “sucio”.
Tales mofas imaginadas y pesadillas paranoicas
son los restos del egoísta ego dominando.
No las temas,
son tus propios productos mentales.

Tu mente corre hasta que estás exhausto y miserable.
No te detengas en estos pensamientos,
conoce el descanso en estado inmodificado,
medita en la unidad de toda energía.

No te aferres a las alegrías ni te enfades con las penas.
Las acciones de tus amigos pueden evocar enfado o pena en ti.
Si te enfadas o te deprimes,
tendrás una experiencia infernal.
No tiene importancia lo que la gente haga.

Medita acerca del amor hacia ellos.

Si no sabes cómo meditar,
concéntrate en un objeto o sensación

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