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lunes, 6 de noviembre de 2017

Indefensión aprendida: la desesperanza imaginaria

Dibujo: Pinterest


La “indefensión aprendida” es un concepto acuñado e investigado por el psicólogo norteamericano Martin Seligman en los años 60 del siglo pasado. Sí, sospechas bien, es el mismo Martin Seligman que décadas más tarde fundó la corriente de Psicología Positiva, harto de centrarse en lo negativo de la mente humana.

Y lo definimos como esa incapacitante sensación de cuando has tirado la toalla,
de cuando te has resignado, de cuando se apodera de ti el convencimiento desesperanzado de que no hay relación entre tus acciones y los resultados que obtienes, de que, como dijo un conocido mío, “Hagas lo que hagas, sale lo que sale”.

Al sentimiento de indefensión se puede llegar tras varias intentonas fallidas de conseguir unos ciertos resultados deseados. El conocido ejemplo del elefante encadenado a una estaca desde la infancia, que reflejamos en el dibujo que encabeza este artículo, ilustra claramente de qué hablamos: cuando eres pequeño (metáfora de cuando no dispones de recursos, estrategias o emociones adecuadas), ves que no puedes, y cuando ya eres grande (ya tienes recursos, estrategias y gestionas tus emociones), crees que no puedes.

El sentimiento de fracaso –o dicho desde un enfoque menos dramático- de “no éxito”, puede hacer caer en la desesperanza. Por eso, a la indefensión aprendida se le llama también "desesperanza aprendida", porque uno aprende a no esperar nada o, lo que es peor, a no esperar nada bueno.

Te pongo como ejemplo el del estudiante que, tras repetidos suspensos o notas más bajas de las que tenía por objetivo, llega a la conclusión de que da igual que estudie o no, que se esfuerce o no. 

Otro ejemplo, más cercano quizás a tu propia vida, es si vives o trabajas en un entorno arbitrario, donde las recompensas o las penalizaciones tienen poco que ver con tus méritos o deméritos, o con que consideres que tu actuación se adapta a tu medio.

La propensión a la indefensión aprendida puede tener su origen en tu familia, consecuencia del tipo de crianza de tus padres o cuidadores. 

Pero también puede surgir más adelante en tu vida, por ejemplo en el entorno laboral. Un jefe o un ambiente amenazadores, dictatoriales, restrictivos, despreciativos o, por el contrario, desordenados o caóticos, laxos y poco cuidadosos, pueden ser devastadores para más de uno, sobre todo si no reconocen tus esfuerzos y tus buenos desempeños, y sólo hacen crítica de lo que no les gusta.

Es importante que sepas que esa persona o entorno te produce indefensión porque tiene poder sobre ti, bien porque lo tenga por jerarquía, por ejemplo tu padre o tu jefe, bien porque se lo hayas otorgado tú, incluso sin darte cuenta de que le estabas dando ese poder.

La consecuencia de la indefensión aprendida es que  dejas de tener motivación para actuar, para marcarte objetivos o perseguirlos, para luchar. Y abandonas. O algo peor: te abandonas.

En el próximo artículo te contaré algunas maneras de combatir este estado.

¡Que tengas un feliz día!
                                                                  
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Maite Inglés es Coach Profesional desde 2006, en coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico apoyándose en EMDR e Hipnosis. Acreditada PCC por ICF. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles, organizacionales (intra e inter) y familiares. Economista, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano.

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