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martes, 9 de enero de 2018

Indefensión aprendida: remedios para combatirla


Luuk de Kok Shutterstock

En el post "Indefensión aprendida: la desesperanza imaginaria", te prometí hablarte de algunos remedios para hacerle frente. Pasadas las Navidades, retomamos nuestra rutina y vamos cumpliendo promesas.

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Herramientas para combatir la indefensión aprendida:


  1. La primera que te propongo tiene que ver con tu actitud. Para que veas con claridad a qué me refiero, traigo la historia de Viktor Frankl, psiquiatra austriaco que  sobrevivió durante tres años a las penurias de varios campos de concentración nazi, gracias a su actitud de mantener su libertad mental.
Mientras, la mayoría de sus compañeros prisioneros murieron, porque dejaron que el entorno y la actuación de carceleros y otros apresados derrotaran su espíritu. Te recomiendo que leas su libro testimonio, “El hombre en busca de sentido”, que recoge sus memorias sobre tan terrible experiencia.

En él muestra cómo, para mantener tu salud mental a niveles sanos, es indispensable que conserves parcelas mentales de libre albedrío donde puedas decidir. Frankl decidió conscientemente vivir, lo eligió. En el lenguaje moderno, diríamos que se empoderó

Mantuvo la fe y la capacidad de disfrutar de lo mínimo que le concedió la vida durante esos años. 

Eso te propongo yo: que decidas conscientemente mantener la fe en el futuro, y la capacidad de disfrutar de todo lo pequeño que la vida te ponga por delante.

  1. Esa nueva actitud dará nuevo oxígeno a tu cerebro, y con ello podrás plantearte nuevas acciones que reemplacen a las que no te han funcionado. Esta es mi segunda recomendación. 
  2. Mi tercera tiene que ver con el locus de control interno. El locus de control interno es la percepción que tienen las personas de que las cosas que ocurren son consecuencia de sus propias acciones más que de circunstancias externas. Tiene que ver con el sentimiento de autoeficacia. Y para incrementar la sensación de autoeficacia, a menudo basta con empezar a hacer cosas distintas, o a hacer las cosas de distinta manera.
  3. La cuarta propuesta es que practiques meditación oriental, en sus modalidades zen o vipassana, por ejemplo.
La meditación te ayuda a despegarte de tu propio yo, de tus propios pensamientos, y también a desapegarte de los otros y de tus circunstancias. 

La meditación te lleva a un estado en el que, pase lo que pase, de alguna manera te sientes protegido, te lleva a un lugar imaginario donde “nada malo te puede pasar”.

  1. La quinta y última herramienta que te traigo es el entrenar tus propios pensamientos, de modo que puedas detectar cuándo viran hacia el lado derrotista, y puedas así redirigirlos hacia estados donde eres aún el protagonista de tu destino
¡Feliz año!

 


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