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lunes, 5 de febrero de 2018

El mejor libro leído en 2017 y sus evocaciones a coaching y mediación




Aparte la vida misma, los manuales profesionales, los libros académicos y los ensayos de filosofía, cuántas veces una discurrida y sentida novela nos abre los ojos a un aspecto del devenir que creíamos visto, vivido o pensado. Y te das cuenta de que no habías hecho nada de eso, de que en algunos aspectos de la cuestión estás in albis. Y de que conviene no estarlo. Por eso, este año, entre unos sesenta libros que he leído, elijo ficción, historia “ficcionada” de mi generación.

Me acerqué a Patria con desgana. ¿Volver al periodo triste en que nos almorzábamos con una nueva tragedia de ETA? No quería, me retorcía en lo más íntimo revivir ese dolor, re-entrar en el terror de esas décadas. Y, sin embargo, el libro me seguía llamando con machacona insistencia.

Me equivoqué en mi prevención inicial. 

Pues el autor, Fernando Aramburu, no incide en el bombazo o el tiro, eso lo trata en una frase rápida, sino que pone la mirilla en el antes y el después de los protagonistas. Antes de. Después de. Y hay muchos antes de y después de esparcidos por toda la novela. Al autor lo que le interesa es qué les pasa a las víctimas, entendedor de que víctima es todo aquel que se vio inmerso en la lucha de ETA: los muertos y lisiados y sus familiares, seguro, pero también los agresores y sus familiares. 

Cada víctima lo es de su propio algo: decisiones tomadas, como digo, antes y después de ciertos hechos que son encrucijadas, puntos donde los personajes eligen una cosa pudiendo optar por otra, empecinamientos: toma de decisiones. Aramburu te acerca con limpieza a los detonantes mediatos e inmediatos de las elecciones que van sucediéndose. Por aprendizaje vicario puedo yo, puedes tú, fijarte en los detonantes que suceden en tu propia vida, y decidir tomar otras elecciones menos automáticas, menos marcadas por tu personalidad o por tu historia. “Tu cárcel, mi cárcel”, escribe: la cárcel de cada persona la conforman muchas veces sus propias creencias y decisiones.

Otro acierto del autor es que consigue que todos los personajes, víctimas y agresores, nos acaben “cayendo bien”. Lo hace mostrando sus motivaciones, sus obsesiones mentales, sus sentimientos, sus miserias, sus ilusiones luego desilusiones, y su evolución psicológica. Una lección de empatía (la cual consiste en comprender, no en aprobar). Un escritor, aparente trasunto del propio Aramburu, nos cuenta en la novela: “…escribí en contra del crimen perpetrado con excusa política… Escribí sin odio contra el lenguaje del odio. Aramburu escribe sin odio, se nota, no habría podido conseguir la empatía de otro modo. 

Todos inventamos historias para movilizarnos, perseguir un ideal o justificar nuestras filias, fobias y temores. Pero según qué historias inventemos, tendremos bendiciones o condenas. También, ay, sucumbimos a las historias que otros inventan. Aramburu trae esta idea a la cabeza del protagonista etarra: “Sus cavilaciones (eran) las de una conciencia en la que poco a poco habían dejado de resonar consignas, argumentos, toda esa chatarrería verbal/sentimental con la que, durante largos años, él había oscurecido su verdad íntima”.

Si algo no acabo de aceptar del planteamiento de Aramburu es parte de los dibujos que hace del personaje etarra y de la madre de éste. Al menos para esos caracteres parece recurrir a estereotipos: él, brutote; ella, de obstinación cerril. Entiendo el recurso, ya que para dibujar una realidad tan compleja como la que sucedió en el País Vasco en el siglo XX puede no quedar más remedio. Pero no creo que sólo los brutotes caigan en las garras de las consignas, también gente inteligente y refinada se suma a los fanatismos. Así que, estate alerta, no dejes que nadie oscurezca tu verdad íntima. Y entre estafarte a ti mismo o que te estafen otros, mejor lo primero.

Además de los ecos que para el coaching me devolvía la novela, en algún momento de la narración sale a la luz un proyecto de mediación consistente en poner al habla aleatoriamente a terroristas y víctimas que lo soliciten, como un medio de reparar los flecos emocionales. El agresor que pide perdón se siente liberado, aún cuando siga en la cárcel. La víctima o familiar a quien se le pide perdón empieza a sanar las heridas del alma. Con todo, echo en falta en la novela la presencia de algún psicólogo que ayude a alguno de las víctimas y familiares a superar el estrés postraumático que se palpa.

Todo ello contiene este libro sencillo que no simple (ya decía Steve Jobs, adalid y maestro de la sencillez, que lograr lo sencillo es lo más difícil, que complicarse lo hace cualquiera). 

No sorprende, es más, encanta, que concedieran a Aramburu el Premio Nacional de Narrativa 2017. Siento justicia en esa distinción, sin sombra de las adjudicaciones predefinidas que manchan con frecuencia premios y títulos de méritos. Aramburu inventa expresiones de una poesía inmejorable; como quien remueve sin más un guiso, te llega el aroma de sus palabras con una placidez penetrante. 

Admiro también la construcción de la cronología, el cómo arranca su libro casi al final del relato y luego va saltando sin orden aparente de episodio en episodio, sin importar cuál ocurrió primero y cuál más tarde, de una historia que abarca unos setenta años. Siguiendo a nueve protagonistas simultáneamente, ahí es nada. Es de maestro cómo consigue que con tanto ajetreo hacia atrás y hacia adelante no te pierdas en ningún momento. Yo, como escritora, envidio sus lances con la pluma. Mucho que aprender también de eso.

¿Cómo abordar su lectura? Puedes elegir leer el libro rápido, pegado a la trama, se deja. O puedes elegir una lectura lenta, arrimado además al escritor. Yo me senté al calor del escritor, y fui desenvolviendo la historia desde sus ojos y desde su maestría literaria. El disfrute ha sido doble.

¡Feliz mes!

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Maite Inglés es Coach Profesional desde 2006, en coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico apoyándose en EMDR e Hipnosis. Acreditada PCC por ICF. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles y familiares. Economista, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano.

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