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miércoles, 6 de junio de 2018

Coaching a políticos: la rabiosa actualidad de Jean Jacques Rousseau

Jean Jacques Rousseau, Quentin Latour

Mis clientes de coaching político han re-despertado mi interés hacia Jean Jacques Rousseau

Volver de nuevo los ojos al “Contrato social” ha sido placentero y revelador. Breve la obra, hay máximas que dos siglos y medio después siguen vigentes. Transcribo las que más han cautivado mi atención en esta segunda lectura. Algunas te parecerán polémicas, difíciles de aceptar otras. Bien, al menos las conocerás todas. Son una pequeña guía para entender cómo hemos llegado a la sociedad de hoy y de dónde provienen algunos de los automatismos –no siempre buenos- que la impregnan.

Conocerlos es poder luchar contra ellos. Lo mismo que en el coaching. Parafreseando a Rousseau: “Desconozco el arte de ser claro para quien no quiere prestar atención”.




DEL ORIGEN DEL CONTRATO SOCIAL

El primero que habiendo cercado un terreno se ocupó de decir “esto es mío“, y encontró gentes lo bastante simples para creerlo, fue el verdadero fundador de la sociedad civil.

Las leyes son siempre útiles para los que poseen algo y perjudiciales para los que nada tienen.

Si hubiese un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente. Mas un gobierno tan perfecto no es propio para los hombres. 

Los hombres no son naturalmente iguales, unos nacen para la esclavitud y otros para la dominación. (Aristóteles)

La fuerza ha hecho los primeros esclavos; su cobardía los ha perpetuado. 

El más fuerte no es nunca bastante fuerte para ser siempre el señor, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.

Ceder a la fuerza es un acto de necesidad, no de voluntad.

Ningún hombre tiene una autoridad natural sobre sus semejantes, y puesto que la naturaleza no produce ningún derecho, quedan, pues, las convenciones como base de toda autoridad legítima.

La persona pública que se forma por la unión de todas las personas, tomaba en otro tiempo el nombre de ciudad, y toma ahora el de República o cuerpo político, que es llamado por sus miembros Estado cuando es pasivo; soberano, cuando es activo; poder, al compararlo a su semejantes; los asociados toman colectivamente el hombre de pueblo, y se llaman en particular ciudadanos en cuanto participantes de la autoritas ciudadana, y súbditos en cuanto sometidos a las leyes del Estado.

LIBERTAD E IGUALDAD

Lo que el hombre pierde por el contrato social es su libertad natural y un derecho ilimitado a todo cuanto le apetece y puede alcanzar; lo que gana es la libertad civil y la propiedad de todo lo que posee.

La libertad moral también se adquiere por el Estado civil. La libertad moral es la única que verdaderamente hace al hombre dueño de sí mismo, porque el impulso exclusivo del apetito es esclavitud.

En lugar de destruir la igualdad natural, el pacto sustituye lo que la naturaleza había podido poner de desigualdad física entre los hombres, quienes pudiendo ser desiguales en fuerza o en talento, devienen todos iguales por convención y derecho.
La voluntad particular tiende por su naturaleza al privilegio, y la voluntad general a la igualdad.
La libertad no puede subsistir sin la igualdad. La fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad.

DEL NACIMIENTO Y EVOLUCIÓN DE LOS PUEBLOS
El pueblo, de por sí, quiere siempre el bien, pero no siempre lo ve. La voluntad general es siempre recta, mas el juicio que la guía no siempre es claro. En el nacimiento de las sociedades, dice Montesquieu, son los jefes de la República los que hacen la institución, y es después la institución la que forma a los jefes de las repúblicas.

La mayor parte de los pueblos, como de los hombres, no son dóciles más que en su juventud, se hacen incorregibles al envejecer. Una vez que las costumbres están establecidas y los prejuicios arraigados, es una empresa peligrosa y vana el querer reformarlos.

Un mismo pueblo puede hacerse libre solo mientras sea bárbaro; se puede adquirir la libertad, pero no se la puede recobrar jamás. La madurez de un pueblo no siempre es fácil de reconocer, y si se anticipa la obra fracasa. (Por ejemplo), los rusos no serán nunca verdaderamente civilizados, porque lo han sido demasiado pronto. Pedro (el Grande) vio que su pueblo era bárbaro, no vio que no estaba maduro; quiso hacer alemanes e ingleses, cuando era preciso comenzar por hacer rusos. El imperio ruso querrá subyugar a Europa, y él será subyugado.


GOBIERNO DE LOS PUEBLOS

Mientras menos se relacionan las voluntades particulares con las generales, es decir, las costumbres con las leyes, más debe aumentar la fuerza represora. Para ser bueno, el gobierno debe ser relativamente más fuerte según el pueblo es más numeroso.

La resolución de los asuntos adviene más lenta a medida que se encarga de ellos mayor número de personas, ya que, a fuerza de deliberar, se pierde con frecuencia el fruto de la deliberación.

Las primeras sociedades se gobernaron aristocráticamente. Los jefes de las familias deliberaban entre sí. Los jóvenes se sometían sin trabajo a la autoridad de la experiencia; de ahí los nombres de sacerdotes, senadores, gerontes.

Según avanzaron las instituciones, riqueza o poder se prefirieron a la edad, y la aristocracia se convirtió en electiva. Finalmente, el poder se transmitió con los bienes, formando las familias patricias, convirtiendo el gobierno en hereditario, y se vieron senadores de 20 años.

Hay pues, tres clases de aristocracia: natural, electiva y hereditaria. La primera es apropiada para los pueblos sencillos. La tercera es la peor. La segunda es la mejor.

En el gobierno popular todos los ciudadanos nacen magistrados, pero como éstos están limitados a un número pequeño, sólo lo son por elección, de modo que se garantice un gobierno con acierto.

Maquiavelo, fingiendo dar lecciones a los reyes, se las ha dado muy grandes a los pueblos. “Del príncipe”, de Maquiavelo, es el libro de los republicanos.

Es más fácil conquistar que gobernar. Muerto un rey, hace falta otro (rápidamente); las elecciones dejan intervalos peligrosos, donde la intriga y la corrupción se introducen.

(Los reyes) se preocupan mucho por enseñar a los jóvenes (herederos) el arte de reinar; mas no parece que esta educación les sea provechosa. Sería mejor comenzar por enseñarles el arte de obedecer. Los más grandes reyes de la historia no han sido educados para reinar, es una ciencia que no se posee nunca y se adquiere mejor obedeciendo que mandando.

Tanto el máximo de fuerza como el de debilidad se encuentran en los gobiernos simples, mientras que las formas mixtas ofrecen una fuerza media.

En todos los gobiernos del mundo, la persona pública consume y no produce nada. De donde se sigue que el Estado civil no puede subsistir sino en tanto que el trabajo de los hombres produzca más de lo preciso para sus necesidades.

A medida que aumenta la distancia entre el pueblo y el soberano, los tributos se hacen más onerosos. En la democracia es donde el pueblo es menos gravado, en la aristocracia lo es más, en la monarquía lleva el mayor peso. (Desde el punto de vista económico), la monarquía no conviene sino a las naciones opulentas; la aristocracia, a Estados medios en riqueza y en extensión; la democracia, a los Estados pequeños y pobres.

Cuando el Estado se disuelve, el abuso de gobierno toma el nombre de anarquía. La democracia degenera en olocracia[1], la aristocracia en oligarquía, la realeza en tiranía.

DICTADURA, TIRANOS Y DÉSPOTAS

En los comienzos de la República romana se recurrió con mucha frecuencia a la dictadura, porque el Estado no tenía aún base sólida. Y las personas nombradas lo eran por seis meses, y la mayoría entregaba el poder antes, como si fuera una pesada carga.

En lugar de gobernar a los súbditos para hacerlos felices, el despotismo los hace miserables para gobernarlos.

Un tirano es un rey que gobierna con violencia y sin tener en cuenta la justicia ni las leyes. En sentido estricto, un tirano es un particular que se roba la autoridad real sin tener derecho. Los griegos aplicaban esta palabra indistintamente a los buenos y malos príncipes cuya autoridad no era legítima, tirano y usurpador eran lo mismo.  

Para distinguir, llamaré tirano al usurpador de la autoridad real, y déspota al usurpador del poder soberano. El tirano se enfrenta a las leyes para gobernar según las mismas. El déspota se coloca por encima de las leyes. El tirano puede no ser déspota. El déspota es siempre tirano.


PODER LEGISLATIVO Y EJECUTIVO

Si queremos formar una institución duradera no pensemos en hacerla eterna. Para tener éxito no se debe intentar lo imposible ni pretender dar a las obras de los hombres una solidez que las cosas humanas no admiten.

El cuerpo político, lo mismo que el del hombre, comienza a morir desde el nacimiento Y lleva en sí mismo las causas de su destrucción.

El poder legislativo es el corazón del Estado; el poder ejecutivo, el cerebro que da movimiento. El cerebro puede sufrir parálisis y el individuo sigue viviendo, un hombre queda imbécil y vive; mas cuando el corazón cesa, el animal muere.

La ley de ayer no obliga hoy, pero el consentimiento tácito (a una ley) se presume por el silencio, pues el gobierno no está obligado a confirmar incesantemente las leyes que no deroga pudiendo hacerlo.

Tan pronto como el servicio público deja de ser el principal asunto de los ciudadanos y prefieren servir con su bolsillo a hacerlo con su persona, el Estado se acerca a su ruina. Dad dinero y pronto tendréis cadenas.

En el instante en que un pueblo se da representantes ya no es libre, ya no existe.

El acto que instituyó el gobierno no es un contrato, sino una ley. Los depositarios del poder ejecutivo no son dueños del pueblo, sino sus servidores, han de obedecer.

En toda verdadera democracia, (llegar a) la magistratura no es una ventaja, sino una carga onerosa que no se puede imponer con justicia a un particular sí y no a otro.


PODER JUDICIAL
           
Los tribunales, que derivan del tribunado romano, no pudiendo hacer nada, pueden impedirlo todo. Es más sagrado y más reverenciado como defensor de las leyes que el príncipe que las ejecuta o el soberano que las da.


COSTUMBRES Y CORRUPCIÓN

Del mismo modo que la declaración de la voluntad general se hace por la ley, la del juicio público se hace por la censura. El tribunal senatorial no es el árbitro de la opinión del pueblo, solo su declarador. Corregid las opiniones de los hombres, y sus costumbres se modificarán por sí mismas; se ama siempre lo que es hermoso y lo que se considera como tal. La censura mantiene las costumbres impidiendo que ser corrompan las opiniones.

Igual que el régimen (alimenticio) de las personas sanas no es propio de enfermos, no se puede querer gobernar a un pueblo corrompido por las mismas leyes que sean convenientes a un buen pueblo.

Una sociedad de verdaderos cristianos no sería una sociedad de hombres, pues (en cuanto) surge un solo ambicioso, un solo hipócrita, da al traste con sus compatriotas.  El cristianismo no predica sino sumisión y dependencia. Su espíritu es favorable a la tiranía. Los verdaderos cristianos están hechos para ser esclavos: lo saben y no se conmueven demasiado, esta corta vida ofrece poco valor a sus ojos.


RELIGIÓN CIVIL Y SUS DOGMAS

Los dogmas de la religión civil deben ser sencillos, pocos, enunciados con precisión, sin explicación ni comentarios. La existencia de una Divinidad poderosa, inteligente, bienhechora, previsora y providente; la vida por venir, la felicidad de los justos, el castigo de los malos, la santidad del contrato social y de las leyes; he aquí los dogmas más positivos. En cuanto a los negativos, los reduzco a uno: la intolerancia, es imposible vivir en paz con gente a quienes se cree condenadas (por pensar y vivir distinto a nosotros); amarlas sería odiar (nuestros valores). (Desde la intolerancia), Es absolutamente preciso rechazarlas o atormentarlas.


Por todas estas cosas que contaba Rousseau, por el carácter y la naturaleza de los hombres, cada avance de la sociedad presenta retrocesos, a veces más que notables.


[1] Gobierno de la muchedumbre  (del griego ὀχλοκρατία ojlokratía). Es una de las formas de degeneración de la democracia.

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Maite Inglés es Coach Profesional desde 2006, en coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico apoyándose en EMDR e Hipnosis. Acreditada PCC por ICF. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles, organizacionales (intra e inter) y familiares. Economista, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano.

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