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miércoles, 3 de abril de 2019

¿Es TDAH todo lo que se cree? Argumentos en contra

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El TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad) no es una de mis especialidades de intervención, entre otras porque me enfoco a jóvenes y adultos, mientras que el TDAH aparece en la niñez. Sin embargo, me ha interesado desde la carrera de Psicología, entre otras cosas porque, como a muchos que sí investigan sobre ello, me parecía y me parece que en la desbordante proliferación de su diagnóstico hay algo que no cuadra.

Que el TDAH sea palpable, y que muchas personas lo sufran y luchen contra ella desde su niñez, no se discute -no en vano, la primera referencia a ello la encontramos en el famoso médico griego del s.V a.C., Hipócrates de Cos, quien ya hablaba de personas que “se mueven más y atienden peor”-. Lo que se pone en duda es que sea TDAH todo lo que se diagnostica y medica como tal, en un mundo sumido en la psicopatologización y farmacologización de la vida cotidiana.

Hoy te traigo, lector, algunos de los hallazgos que colegas psicólogos, ellos sí amplios conocedores del TDAH, pesos fuertes en el campo de la investigación, expusieron en una Jornada universitaria de Psicología hace unos meses. Pero antes te contaré una historia triste que viví de cerca, y que te ayudará a entender mis reparos hacia la facilidad con que se manejan algunos diagnósticos.

Hace una década tuve durante varios años trato próximo con una niña, mientras su familia vivió cerca de mí. Era alegre, saltarina, cariñosa, activa, imaginativa, generosa, empática, caritativa. No le gustaba estudiar, se aburría, no entendía bien las cosas con los métodos imperantes en las escuelas, aprendía despacio y sin ganas, se concentraba poco y por poco tiempo. Pero cuando alguna tarde estudiaba sus lecciones conmigo, aprendía y consolidaba el conocimiento, simplemente porque yo me adaptaba a su manera juguetona e imaginativa de ver el mundo, de absorber la información; en un proceso interactivo, su mente despertaba y se divertía, su motivación aumentaba y le interesaban las cosas que en la escuela no. 

En mi contacto con ella nunca le detecté ninguna patología. Como digo, era activa, hasta locuela a veces, ¡cuántos niños lo son sin que les pase nada! Era hija única y sus padres se habían separado cuando ella tenía un año; no afirmaré si esto pudo tener alguna influencia en su menor capacidad de concentración. Lo que sí tenía influencia, según yo, era su dieta alimenticia, donde sobraba el azúcar, los excitantes y otros agentes químicos en forma de refrescos de cola y otros, chocolates, chuches, ganchitos y asimilados. Sin olvidar las maquinitas y el sin parar de dibujos animados en la televisión. Según yo, esta niña estaba permanentemente sobreestimulada, lo que dificulta la concentración, pero para mí era una cuestión de entorno, no de su biología.

Dejé de ver a la niña a sus nueve años, cuando se mudó de ciudad. Cuál no sería mi sorpresa cuando, meses después, alguien, tras un viaje de visita, me contó que su madre, médico, harta de la poca concentración de la niña, en vez de adaptarse a ella, había buscado un diagnóstico de TDAH y le administraba los fármacos con que se trata éste. El resultado: la niña se había vuelto silenciosa, hasta triste, engordó y estaba todo el día derrengada en el sofá. Su madre estaba encantada, ¡por fin tenía paz! A qué coste.

Por esta historia y otros motivos, durante la Jornada de Psicología que te narro resonaron en mí bastantes de los hallazgos que expusieron mis colegas, respecto de los motivos que parecen incrementar el diagnóstico de falsos positivos (personas diagnosticadas de algo que en realidad no padecen) de TDAH:

-     Cambios en la estructura familiar: divorcio, la mujer en la vida laboral, disminución del número de hijos y cambios en su cuidado, o adelanto de la edad de escolarización a los tres años o antes. A pocos se nos escapa cómo la separación de los padres reduce la tranquilidad de los niños o su confianza en la solidez de su entorno.

-       Cambios escolares:
o   El 70% de niños realizan actividades extraescolares, que son con adultos y con normas guiadas, con lo que los niños no juegan per se.
o   Incremento de la exigencia en lectoescritura: la edad de aprender a leer y escribir se ha adelantado desde los 6-7 años -que es cuando se produce la maduración neuronal suficiente-, a educación infantil.
o   Se exige homogeneidad  en la escuela vs. la neurodiversidad natural, esto es, vs. las formas de vitalidad distinta que presenta cada niño y la posterior variabilidad de la vida laboral. ¿Acaso un niño distinto es un niño con trastorno?...

-    Fecha de nacimiento: nacer en diciembre acarrea un 30% más de probabilidad de ser diagnosticado de TDAH, al ser los más pequeños de la clase, y por tanto de menor maduración neuronal. 

-   Al estar la sociedad más estresada, los adultos tienen menor capacidad para tolerar comportamientos normales de los niños. Por eso, además, es mucho más probable el diagnostico en ciudades que en pueblos. 

-       Campan los criterios “blandos” de diagnóstico, el cual se basa en evaluación por cuestionario e informes parentales, sin evaluar el rendimiento en funciones ejecutivas cerebrales ni tampoco recurriendo a neuroimagen. 

o   Los cuestionarios son subjetivos: de ellos sale lo que les metes. Ejemplos de ítems: el niño discute mucho, no se concentra, reclama mucha atención, no obedece, es nervioso, impulsivo, irritable, terco, obstinado,… Conductas, quizás problemáticas, transmutadas en síntomas. Pero tengamos en cuenta que un problema no es necesariamente una enfermedad…

o   De haber marcador genético, no se ha hallado.

En cuanto a tratamientos, hicieron amplias reflexiones notables:

-      Las intervenciones psicológicos son insuficientes: ¿cómo puede un progenitor, o cualquiera, aprender, en 15 min. que se le pueda dedicar de una sesión, técnicas de modificación de conducta?

-   Los fármacos utilizados conllevan alteraciones metabólicas, retraso en el crecimiento, incremento de riesgo cardiovascular y tensión arterial, y hasta riesgo de sufrir psicosis si el consumo es prolongado en el tiempo. Con la medicación, el niño es más dócil, molesta menos a los padres, lo que la consolida en un círculo vicioso. Como bromeaba con ironía uno de los ponentes: “MedicaTDAHín, so much easier than parenting”.

¿Cómo volver a la normalidad?, propuso alguien: cambiando la concepción del TDAH de enfermedad a estilo, y cambiando el enfoque de intervención de tratamiento a ayuda o entrenamiento

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Maite Inglés es Psicólogo Coach desde 2006, en los ámbitos de coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico apoyándose en EMDR e Hipnosis clínica. Acreditada PCC por ICF. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles, organizacionales (intra e inter) y familiares. Economista, MBA, Psicólogo y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano; también en formato telefónico o vídeoconferencia.

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