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miércoles, 5 de junio de 2019

Creencias tuyas que te retrasan comenzar un proceso de coaching profesional o terapéutico

Foto: Maite Inglés
Tanto en coaching ejecutivo y empresarial, como en coaching personal y/o terapéutico, con frecuencia atiendo a público recomendada por antiguos clientes, amistades o colegas. En más o menos la mitad de las ocasiones, acuden a consulta en breve. En la otra mitad, sin embargo, desde el momento en que mis conocidos me hablan por primera vez de esa persona que podría beneficiarse con mi ayuda, hasta que finalmente acude, pasa algún tiempo. A veces son unos pocos meses; el récord lo tengo computado en casi cuatro años. En este caso tan prolongado, vistos los resultados que rápidamente fuimos alcanzando y el poco esfuerzo que le estaba suponiendo conseguirlos, la persona comprendió enseguida que no había merecido la pena resistirse tanto a venir, que se habría ahorrado cuatro años de ansiedad y sufrimiento.

La casuística de esa resistencia a ponerse a trabajar el malestar que les domina, o acometer los retos que no logran, suele centrarse en las cuestiones siguientes:

  1. La persona cree que debe encontrar el camino por sí misma. Creen que renunciar a ello y recurrir a mí habla de su incapacidad para resolver sus problemas, de carecer de inteligencia o de recursos suficientes, o de ser débiles y poco resilientes. Por fortuna, una vez comienzan el proceso, se dan cuenta de que es lo contrario: que tienen muchos recursos de los que no se habían dado cuenta, y que pedir ayuda es síntoma de inteligencia y claridad mental.

  1. La persona dice no necesitar una terapia/coaching. En la parte terapia, esa negativa viene de que la perciben como un proceso pasivo, o destinado exclusivamente a población clínica, o sea, con patología psicológica severa[1].
¡Cuánto sigue sin conocerse de verdad el mundo de la Psicología! Gran parte de las estrategias psicológicas se inventaron para personas normales enfrentadas a situaciones normales[2] de la vida.
 
Más aún en mi caso, que mi público objetivo es precisamente la población no clínica, la llamada en estadística población normal, esto es, la inmensísima mayoría de seres humanos. Y que, además, la terapia la practico desde el enfoque del coaching, y el coaching desde el de la terapia, por los exponenciales resultados que da combinar ambas. El enfoque coaching para mí es más global, por cuanto incorporo en cualquier proceso herramientas y técnicas de varias disciplinas, entre ellas la Economía, los Métodos de Decisión o la Estrategia, aprendidas y practicadas en mi anterior vida de economista.

  1. La persona dice que “no está loca”. Dichoso estigma el de sentirse loco por necesitar acudir a un profesional[3]. Por desgracia, loco es precisamente quien no tiene conciencia de anomalía cuando, desde fuera, los que le rodean perciben con nitidez que algo no va bien. Desde el punto y hora en que alguien con comportamientos y actitudes no adaptativos responde que él/ella está perfectamente, y/o que el problema son los demás o el estrés, es precisamente cuando hay que empezar a preocuparse de verdad por esa persona.
Por el contrario, lo normal es que los seres humanos nos demos cuenta de que algo no marcha, y de que hay un problema y de que es solucionable. Ese mero darse cuenta es por sí mismo también síntoma de bienestar mental, de estar en contacto con la realidad. Está peor quien no reconoce su problemática.

Aligerando el concepto de locura y llevándolo hacia la normalidad, siempre me ha gustado la definición que Nassim Nicholas Taleb, precisamente no psicólogo sino matemático financiero, hace de locura en su afamado libro “El cisne negro”: “Un loco puede definirse como alguien que razona correctamente a partir de premisas erróneas”. Seguro que esta descripción os lleva a alguien que conocéis…, precisamente quien necesita de la Psicología (formatos coaching o terapia)  para aligerar su vida, o la de los familiares y entorno laboral y social que le rodea.

  1. La persona está desencantada de anteriores psicólogos, o de coaches que ni siquiera son psicólogos[4] pero no tienen ningún reparo -¡qué atrevida es la ignorancia!- en trastear con el cerebro humano. Claro, el cliente invirtió su dinero y no obtuvo resultados, y quedó escocido por ello. Y no se atreve a volver a ponerse en manos de nadie.
Me viene a la cabeza un motivo adicional para no comenzar una intervención psicológica (terapia o coaching). Gracias a Dios, esta no aqueja a los clientes referenciados, pues estos vienen a sabiendas de que la rentabilidad de lo que pagan está asegurada, y por ello invierten con gusto y sin pensárselo.

No; esta objeción afecta solo a algunos potenciales clientes desconocidos que me han encontrado navegando por las redes, y escriben pidiendo información: la tarifa les parece alta, porque la comparan con la que otros profesionales cobran por sesiones de 45 minutos. Pero yo no trabajo con sesiones de 45 minutos…

Trabajo con sesiones de hora y media o hasta más; por parangonar, dos sesiones de las estándar cada vez, un “2 en 1”, podríamos decir. Entonces, lógico que el precio sea proporcionalmente más alto. Esta lógica, tan obvia y la preferida por mis clientes, algunos potenciales clientes sin embargo no la ven. Tampoco sé si finalmente son sinceros en su excusa, así que no puedo decir si renuncian a plantearse la intervención, siquiera acudir una vez, por dinero, o por desconfianza subyacente ante lo que no conocen y “no les suena”; les debe descolocar que no trabaje con el estándar de mercado.

No trabajo con el estándar porque le veo inconvenientes severos y poca ventaja. El mayor inconveniente: en sesiones cortas se resuelve menos, la gente se queda a medias de “soltar” lo que traía oprimiéndole el ánimo, el diseño de estrategias es más liviano, y le queda un poso de inquietud y una ansiedad por recibir más… Así que regresan a la semana siguiente… a volver a desembolsar. 

Mientras, en sesiones largas, el “2 en 1”, la persona tiene tiempo de volcar todo lo que le preocupa, reflexiona sobre ello con hondura, se queda tranquila, el autodescubrimiento que hace es infinitamente más profundo, diseña conmigo estrategias de solución, y sale motivada y energizada. Por ello, ¡no tiene que volver hasta pasadas dos o tres semanas, hasta un mes a veces! Lo que, en un Madrid donde se va con la lengua fuera, es muy de agradecer. Aunque funciona igual cuando no hay tiempo de desplazamiento: en mis sesiones online ocurre lo mismo, el cliente aprecia más las “2 en 1”. 

En cuanto a resultados, es un método mucho más eficiente este de las sesiones largas: la realidad es que mis clientes resuelven sus problemas en menos tiempo total, con más facilidad y menos esfuerzo personal, y por menos dinero. No voy a renunciar a eso por mor de un estándar.


[1] (esto, dicho grosso modo a los meros efectos de que me entiendas, y a sabiendas de que igualar uno con otro es inexacto).
[2] Sí, no eres único en tus dificultades: la mayoría de las cosas que te ocurren le han pasado o le están pasando a multitud de personas cerca y lejos de ti. Te das cuenta en cuanto pisas la consulta; ese alivio ya te da la fuerza para comenzar la intervención.
[3] Vaya por delante que el término “locura” se utiliza muchas veces como sinónimo de genialidad, creatividad, espontaneidad, ir por caminos no trillados, optar por el riesgo o la aventura,… No es ese el terreno que nos ocupa.
 [4] Hasta para el coaching es ingrediente esencial el conocimiento sólido de la Psicología, aunque los que no son psicólogos no lo reconocen y hasta lo niegan

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Maite Inglés es Psicólogo y Economista, Coach desde 2006, en los ámbitos de coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico apoyándose en EMDR e Hipnosis clínica. Acreditada PCC por ICF. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles, organizacionales (intra e inter) y familiares. Además, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano; también en formato telefónico o vídeoconferencia.

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