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martes, 3 de septiembre de 2019

¿Cuál es el valor supremo en un equipo?

Juan Muñoz: detalle de escultura. Álbum de Maite Inglés

Desde la debacle financiera irresponsable de 2007 (doce años ya), durante mucho tiempo se escuchó por activa y por pasiva que esa crisis era de confianza, y que sin confianza no se va a ningún sitio. La cuestión de la confianza se extendió desde la macroeconomía a la microeconomía, y derivó en la creencia, instalada ahora en las empresas, de que el valor fundamental de un equipo es la confianza. Opino otra cosa.

Hace un tiempo, en una reunión con la directora de Recursos Humanos de una multinacional tecnológica, ella me preguntó cuál consideraba yo el valor de índole superior de un equipo. Y a mí, incluso después de llevar escuchando, como todos, la melodía de la confianza, no me vino ese; me vino “respeto”.

“Respeto”, para mí, es un vocablo muy amplio, abarca muchos rincones. Y se me quedan cortas las acepciones que da el diccionario de la Real Academia Española, que son: “acatamiento por miedo o cortesía, miramiento, consideración, deferencia”; hasta veneración incluyen. Algunas de estas acepciones me llegan como externas, de puertas para afuera; no son íntimas, de piel para adentro y desde dentro.

En mi mapamundi del respeto, puede haber respeto en ausencia de confianza, pero no confianza sin respeto, y este, además, ha de ser previo. Respeto desde dentro.

¿Y qué es respetar desde dentro?

En primer lugar, es no mirar a nadie como si fuésemos superiores a él/ella. Cierto es que en alguna cuestión estamos más aventajados, pero ellos, a su vez, nos aventajan en otros campos. En muchos casos se establece un empate, aunque sea en categorías distintas. ¿De qué, entonces, ese pedestal de superioridad desde el que algunos miran hacia abajo?

Respetar desde dentro es también no tomar decisiones que afectan a las personas sin antes contar con ellas. Y es también dejarles hacer su trabajo sin interferencias ni injerencias más allá de las interacciones que un buen liderazgo recomienda. 

Respetar es practicar el ganar-ganar en las negociaciones y en las relaciones. Y es considerar a los demás valiosos, responsables y deseosos de hacer un buen trabajo. Y es entender de manera natural que tienen necesidades tan lícitas como las tuyas, y los mismos derecho que tú.

En esto del respeto, sin embargo, no tienes la seguridad de que todo lo que hagas o digas vaya a llegar respetuoso a los demás. Qué le vamos a hacer. Tú eres responsable de las palabras que emites y de los actos que ejecutas, y desde qué emoción e intención los realizas. Pero no eres responsable de lo que otra persona interprete de ellos, desde qué emoción los recibirá o cómo los vivirá; eso es cosa suya, aunque por desgracia se rompen relaciones cada día sin comerlo ni beberlo por interpretaciones erróneas o desaforadas tuyas o de tus congéneres. 

Así, cuando sientes que “te pisan el callo”, lo primero que hay que entender es que si te lo pisan es porque lo tienes -el callo emocional-, o sea, tienes un punto de dolor que se resiente al más leve roce, quizás incluso sin la presencia de pisotón. Si no hay callo, sin embargo, puede no haber dolor, haya o no haya pisotón, y sea éste intencionado o fortuito. 

Reflexionando sobre esta cuestión del respeto, quise escuchar el parecer de un buen amigo, al que tengo por persona de buen criterio, y no necesariamente porque sea mi amigo o porque sea CEO de una importante empresa. Le hice la misma pregunta que la directiva me había hecho a mí, esto es, cuál era para él el valor supremo en un equipo. Se tomó su tiempo para sopesar mentalmente la respuesta, y optó por integridad, cualidad que, a instancias mías, definió como “hacer lo que dices; respetar para ser respetado”. De nuevo, el respeto. Requisito para la confianza, y superior a esta.

¡Feliz arranque de curso!

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Maite Inglés es Psicólogo y Economista, Coach desde 2006, en los ámbitos de coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico (ansiedad, duelo, relaciones,...), apoyándose en EMDR e Hipnosis clínica si el caso lo precisa. Acreditada PCC por ICF. Centro de Psicología Sanitaria propio acreditado por la Comunudad de Madrid CS-11558. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles, organizacionales (intra e inter) y familiares. Además, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano; también en formato telefónico o vídeoconferencia.

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