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domingo, 3 de noviembre de 2019

Pensamientos para Coaching: La felicidad de los pesimistas según Schopenhauer


Foto: Maite Inglés
Arthur Schopenhauer (1788-1860), el más influyente y perdurable pensador del pesimismo filosófico, dedicó, sobre todo en sus primeros años de trabajo, diversos apartados de sus cuadernos y carpetas de notas a elaborar lo que él acuñó como una Eudemonología o Doctrina de la felicidad (El arte de ser feliz – Die Kunst glücklich zu Sein-), pequeño tratado al parecer para su propio uso personal sin intención editorial.

Estas notas, “Cincuenta reglas para la vida”, escritas al estilo del “Oráculo de la prudencia” del aragonés Baltasar Gracián (1601-1658), a quien Schopenhauer describió como su “escritor predilecto”, pasaron bastante inadvertidas. “Quizás porque a pocos se les ocurriría buscar recetas para la felicidad en un consumado pesimista” (sic Franco Volpi, 1952-2009, catedrático e historiador de filosofía, quien en torno a 1998 decidió organizar y editar estas reglas, y a quien debemos su difusión actual).

Schopenhauer sostenía, supongo que no sin ciertas desazón y melancolía, que la felicidad es una meta inalcanzable para el ser humano, que sólo nos es accesible una “felicidad relativa”, la cual consiste en la ausencia de dolor. Debe resultar tétrico vivir bajo la losa de esa premisa de base. Schopenhauer buscó esa felicidad en las aguas que conocía: las tesis de los griegos, Platón y Aristóteles principalmente.

Porque se centró en estos dos filósofos, y no en los presocráticos o en la filosofía budista que también llegó a estudiar, a mi entender las reglas de Schopenhauer carecen de la liviandad de espíritu y vivacidad necesarias como para verdaderamente motivar a muchas personas, a él mismo incluso, a transitar por ese camino. A sus reglas, por muy reflexionadas y prudentes que sean, que lo son, les falta cierta dosis de luz, la luz del optimismo y desanclarse de la medianidad.

Encuentro sus reglas deslavazadas y repetitivas, quizás por tratarse de meras notas. Y parecen más bien reflexiones subjetivas de lo que observa, que reglas en sí. Su manera de vivir, según estos cánones de felicidad, es un ejercicio de contención continua, sin espontaneidad. Contrariamente a lo que el filósofo pudiera pensar, el paraguas de melancolía bajo el que se refugia para no sufrir tampoco llama a la alegría, al menos a la jubilosa.

De muchos de los aspectos que Schopenhauer compendió en este tratadito, podría decirse hoy día más y con más profundidad, pues han sido investigados por la Psicología en los siglos XX y XXI. Me resisto, empero, a hacer aquí esas ampliaciones, pues quiero que este post recoja, exclusivamente, el pensamiento que el filósofo compiló.

Os resumo sus 50 reglas, refundiendo las parecidas.

  1. Todos nacemos en Arcadia (el reino de la felicidad) hasta que nuestras aspiraciones chocan con el destino que nos muestra que nada es nuestro. La experiencia nos enseña que la felicidad es quimera mientras que  el dolor es real. De ahí que “el prudente no aspira al placer sino a la ausencia del dolor” (“Ética a Nicómaco”, Aristóteles), a un presente tranquilo y soportable. Si lo alcanzamos, lo apreciamos, y cuidamos de no estropearlo con un anhelo incesante de alegrías imaginarias o con angustiadas preocupaciones ante un futuro siempre incierto.
  2. Evita la envidia: cuando pienses en cuántos te adelantan, piensa en cuántos te siguen.
  3. Conocernos a nosotros mismos y a nuestras capacidades nos ayuda a evitar los propósitos para los que tenemos poco talento, pues es más fácil encarar el infortunio que la propia torpeza.
  4. Las riquezas que no se ha pretendido lograr, no se echan de menos.
  5. Júbilo y dolor excesivos son resultado de errores y espejismos, y pueden evitarse con la sensatez.
  6. Hacer con buena voluntad lo que se puede, y tener la voluntad de soportar el sufrimiento inevitable.
  7. Reflexionar a fondo antes de emprender una cosa, pero tras iniciarla no angustiarse con ulteriores consideraciones.
  8. Limitar el propio campo de acción, pues eso limita el infortunio.
  9. Una vez llegado el infortunio, no permitirse pensar que pudiera haber sido de otra manera.
  10. Abrir todas las puertas a la alegría, porque nunca llega a deshora y es el bien que puede sustituir a todos los demás, mientras que ninguno puede sustituirla a ella.
  11. La tranquilidad del presente sólo la pueden molestar aquellos males que son seguros y de fecha cierta. Los inseguros, acostumbrarnos a vivir como si nunca fueran a pasar; los inciertos, como si no fueran a ocurrir ahora.
  12. Bien está lo que bien acaba.
  13. Al pintarnos en la fantasía posibles sucesos felices, hacemos nuestra realidad aún más insoportable. Pero pintarnos posibles infortunios es todavía peor. Ergo, no fantasear.
  14. Planes y preocupaciones futuras, y nostalgia del pasado, hacen que menospreciemos y descuidemos el presente.
  15. Mostrar ira es inútil, peligroso, imprudente, ridículo y vulgar.
  16. Los pensamientos han de estar cada uno en un cajón, y al abrir uno los demás han de quedar cerrados.
  17. La vida es como el ajedrez: hacemos un plan, pero al estar condicionado a lo que juegue el contrario o el destino, acaba apenas reconocible.
  18. La firme presunción de que debe ser posible encontrar la felicidad, nos hace desgraciados.
  19. Para apreciar lo que tenemos, mirarlo como si nos lo hubieran quitado.
  20. Poner tope a nuestros deseos, frenar apetencias, domar la ira, aceptar que muchos males son inevitables. Así podremos soportar y renunciar.
  21. Hay deseos naturales y necesarios; el resto, son o no naturales o no necesarios.
  22. Esforzarse por algo que se resiste y superar obstáculos, es la necesidad más esencial de la naturaleza humana. Si le faltan ocasiones, las crea.
  23. Nueve décimos de la felicidad se basan en la salud. De ésta dependen el buen humor, que nos hace soportar todo mejor.
  24. Cada uno vive en un mundo diferente, de modo que es mucho menos importante lo que sucede a uno en la vida que la manera en que lo experimenta: únicamente en nuestro interior se halla el bienestar y el malestar.
  25. Tratamos de serenar el gris del presente con esperanzas ilusas.
  26. Es gran insensatez hacer amplios preparativos para la vida, pues realizar los planes requiere siempre mucho más tiempo del que se suponía, la vida resulta siempre corta.
  27. “La mayor fortuna es la personalidad” (Goethe), disfrutar de uno mismo. Para quien su yo no vale mucho, todos los placeres tienen un regusto a hiel. Los grandes enemigos de la felicidad son el dolor y el aburrimiento, pero la naturaleza dio protección contra ambos: contra el dolor, la alegría; contra el aburrimiento, el espíritu. Sin embargo, a veces son incompatibles, y por eso no se suele estar preparado para los dos simultáneamente. De poder elegir, es mejor que se envíe dolor a la persona con mucha alegría, y espíritu a quien tenga mucho ocio libre. Porque el espíritu hace sentir el dolor de manera doble y múltiple, y para una persona alegre y sin espíritu, la soledad y el ocio sin ocupación son insoportables.
  28. De mal genio es aquel que ante oportunidades iguales a favor y en contra, no se alegra cuando el resultado le es favorable, y se enoja cuando le es desfavorable. Y de buen genio, lo contrario. Lo que a uno casi le desespera, a otro le da risa. Platón decía que cuanto mayor es la sensibilidad para impresiones desagradables, menor para las agradables; y al revés.
  29. La felicidad pertenece a quienes se bastan a sí mismos.
  30. Una existencia feliz es aquella preferible a la no existencia, aquella que queremos por ella misma, no sólo por el miedo a la muerte.

La regla que más repite y en la que más hincapié hace es: “Mantener en todas las cosas el camino medio” (Aristóteles). Lo malo de quedarse en todo en el camino medio es que acaba uno viviendo a medias.

La máxima principal es una más de entre sus cincuenta reglas: “Vivir feliz sólo puede significar vivir lo menos infeliz posible, de manera soportable”. Y advierte: “aspirar a la felicidad y luchar por ella atraen los grandes infortunios. Ser infeliz es muy fácil, ser feliz es imposible… Por lo que siempre es una ganancia sacrificar placeres para evitar dolores”. Vivir a medias.

Para un optimista, la vida es moverse unos cuantos pasos más allá de lo que preconiza Schopenhauer. A un optimista le importan menos los fracasos, porque sabe superarlos y volver a intentarlo, o decidir cambiar de rumbo o de meta. Las reglas de Schopenhauer son buenas para personas con una menor resiliencia que la que tienen los optimistas.

Como siempre digo, la buena noticia es que EL OPTIMISMO SE PUEDE ENTRENAR. Es accesible para los pesimistas, y así vivir con menos contención y más plenitud de las que recomendaba Schopenhauer.

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Maite Inglés es Psicólogo y Economista, Coach desde 2006, en los ámbitos de coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico (ansiedad, duelo,trauma, relaciones, comunicació, habilidades sociales,...), apoyándose en EMDR e Hipnosis clínica si el caso lo precisa. Acreditada PCC por ICF. Centro de Psicología Sanitaria propio acreditado por la Comunidad de Madrid CS-11558. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles, organizacionales (intra e inter) y familiares. Además, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano; también en formato telefónico o vídeoconferencia.

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