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viernes, 17 de enero de 2020

Trucos para llamar al éxito


Ian Robertson, psicólogo y neurocientífico, profesor ya emérito en el Trinity College de Dublín, plasmó en el libro “The Winner Effect: The Science of Success and How to Use It” (2012) sus investigaciones sobre el éxito y el espíritu ganador. “Éxito llama a éxito”, le gusta decir.

Una de los fenómenos que observó es que “Experimentar un éxito ayuda a tener éxito en el futuro”, concepto que intuitivamente nos es familiar a todos, nos “suena” como real. Para afirmarlo, sin embargo, Robertson estudió la neurología subyacente. En la  figura que inicia este post, “El ciclo del éxito”, me permito adaptar lo que él explica, que paso a describir.


Cada vez que ganamos segregamos testosterona (hormona presente en ambos sexos, aunque en mayor cantidad en los varones). La testosterona, por su parte, potencia la liberación de dopamina, neurotransmisor implicado en la sensación de placer y que, asimismo, activa la región cerebral encargada de elaborar nuestras metas, planes y estrategias. También potencia el impulso de perseverar.

Además, la dopamina activa nuestro circuito de recompensa, el cual nos anima a repetir acciones que han resultado exitosas. Al irse iterando este circuito, el número de receptores de testosterona aumenta, de modo que en siguientes ocasiones la experiencia de ganar nos resultará cada vez más gratificante.

Estos fenómenos favorecen que, cuando ganamos, aumente nuestra confianza en éxitos futuros. Los visualizamos, a la par anticipamos las recompensas asociadas que lograremos. Esta anticipación es lo que nos hace más proclives a actitudes y acciones hacia el éxito.

Otro efecto de la dopamina es que mejora las capacidades cognitivas y nos hace más creativos, más “listos” que aquellas personas que no han desarrollado confianza en que el éxito está a su alcance.

Y ya tenemos el círculo virtuoso…

O vicioso, porque el éxito, al estar relacionado con la dopamina, que es adictiva, resulta también adictivo. Funciona, pues, como una droga: nos hace sentir bien, entre otras cosas porque reduce los miedos, la ansiedad y la depresión. Por eso queremos ganar siempre, porque nos hace sentir bien. Y por eso suele decirse que “éxito llama a éxito”.

Este circuito no es del todo inocuo, entonces. Puede descarrilar, cuando llevamos mucho tiempo ganando, forzado por un exceso de testosterona y de dopamina que intoxicaría nuestro cerebro.

Esta intoxicación puede impelernos a  obsesionarnos con el éxito, espoleados por la  búsqueda incontrolada del placer. En estas circunstancias, dejarían de importar los objetivos iniciales, nos volveríamos más egocéntricos y menos empáticos. Podríamos incluso llegar a olvidar que alguna vez estuvimos conectados con los otros seres humanos, a quienes ahora consideramos meros peones al servicio de nuestros devoradores deseos cuando no enemigos a batir. 

¿Os suena este perfil de persona intoxicada por el éxito? En los gobiernos, serían los tiranos, y en el terreno laboral, los jefes déspotas. Expuestos con mucha frecuencia al éxito, su circuito de recompensa podría quedar “secuestrado”, y serían más proclives a hacer trampas con tal de lograr sus propósitos.

La edad es una variable a tener en cuenta. La dopamina tiende a disminuir con el envejecimiento, y cuando sus niveles bajan, nuestro cerebro va más despacio a la par que decae la agudeza mental. Por eso, hay quien piensa que el éxito es solo cosa de jóvenes. Sin embargo, no hay tal, entre otras cosas porque los mayores con poder disfrutan de altos niveles de testosterona, los cuales les dan la fuerza necesaria para seguir ganando.

En cuanto al momento vital, si el circuito de recompensa se activa en jóvenes, estos están dispuestos a hacer sacrificios porque ven el horizonte del éxito muy lejano, les compensan los grandes esfuerzos hoy por mor de un retorno en el largo plazo. Mientras, a partir de los 60 años evaluamos mucho más los costes. Por eso, en función de que las circunstancias demanden tomar muchos riesgos vs ser conservador, será preferible un líder joven u otro más añoso.

Del análisis de Robertson, desde nuestra actividad de coaching podemos deducir algunas prácticas que están al alcance de todos -trucos si queréis llamarlos- para acercarnos al éxito:

  1. Visualízate ganando, anticipa las recompensas que alcanzarás.
  2. Considera cualquier logro, por pequeño que te parezca, como un éxito: date tiempo y ocasión para sentir en tu cuerpo los chutes de testosterona y de dopamina que da el logro.
  3. Regodéate en esas buenas sensaciones y siente la confianza que las acompaña.
  4. Apaláncate en estos logros para seguir atreviéndote a planear y realizar acciones.
  5. Apaláncate en la dopamina para perseverar.
  6. Repite este ciclo hasta convertirlo en un círculo virtuoso, pero…
  7. Cabeza fría: no te obsesiones con él para que no se convierta en un círculo vicioso.
¡Feliz año de éxitos!


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Maite Inglés es Psicólogo, Economista y MBA. Coach desde 2006, en los ámbitos de coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios, con cerca de 2.500 horas de praxis directa con personas y equipos. 
También ejerce coaching terapéutico y psicoterapia (ansiedad, duelo, trauma, relaciones  familiares e interpersonales, comunicación, habilidades sociales,...), apoyándose en EMDR e Hipnosis clínica si el caso lo precisa y el cliente lo quiere. 
Acreditada PCC por ICF. Centro de Psicología Sanitaria propio acreditado por la Comunidad de Madrid CS-11558.  
Mentora de ejecutivos y negocios. Asesora de Empresa Familiar.
Mediadora en conflictos civiles, mercantiles, organizacionales (intra e inter) y familiares, registrada en el Ministerio de Justicia con el número 53014.
Además, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano; también en formato telefónico o vídeoconferencia.

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